24.10.2014 13:35 - in: El equipo S

    El discurso de Andrea Agnelli a los Accionistas

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    El presidente ha inaugurado la Asamblea de Accionistas de la Juventus

    El presidente Andrea Agnelli ha inaugurado la Asamblea de Accionistas con estas palabras:

    Solamente una vez en su historia la Juventus ha vivido un período comparable al que estamos atraversando. En mayo de este año conseguimos el tercer Scudetto consecutivo, una hazaña que los bianconeri no veían desde los años '30 del siglo pasado. La Juventus, una vez más primera en la historia, ha sabido repetir tras casi 80 años, marcando otro punto de inflexión en el fútbol italiano.

    Nadie que vista la camiseta de la Juventus quiere parar; "el triunfo más importante es el próximo", nos han enseñado. El área deportivo tiene bases sólidas, constituidas, para empezar, por Massimiliano Allegri, un técnico que ya ha demostrado que sabe vencer, y que junto a Fabio Paratici y Pavel Nedeved, y a un grupo de futbolistas capaz de afrontar nuevos desafíos, está trabajando para ganar el cuarto Scudetto consecutivo. Una gesta que nos acercaría a la leyenda.

    Estos resultado tienen también y sobre todo su base en la gestión, que este grupo dirigente ha sabido construir desde 2010, cuando por primera vez tuve el honor de presidir esta asamblea. La estructura y el nivel de los ingresos, fruto del trabajo cotidiano de las mujeres y hombres de la Juventus, a los que agradezco individualmente desde aquí, han llevado a la Juventus a tener un facturado de 280,5 millones de ingresos característicos, compuestos por el día de partido, comerciales y derechos televisivos, que junto al bruto de la "gestión de futbolistas", lleva al facturado por primera vez en nuestra historia por encima de los 300 millones, concretamente a 315,8 millones. El punto de equilibrio antes de impuestos y el retorno tras cuatro años en el útil operativo, uno de los objetivos que nos habíamos fijado, completan el cuadro de este saneamiento, que pocos creían posible.

    ¿Todo bien, por tanto? No.

    Basta mirar con perspectiva y sin parcialidad la situación del fútbol italiano para reconocer la progresiva decadencia. Algunos del establishment han tenido la valentía de defender que, como Italia en general ha perdido terreno en cada campo, entonces el crecimiento de nuestra industria, aunque sea inferior a la de otros países, tendría que tranquilizaros. No es así porque se trata de un crecimiento ligado exclusivamente a la evolución del mercado televisivo.

    Hace menos de veinte años Inglaterra, España y Alemania veían a Italia como un ejemplo: hoy nos han adelantado en todos los parámetros de referencia: 1) nivel de ingresos; 2) en términos de sostenibilidad del business; 3) resultados deportivos; 4) valores absolutos y relativos de asistencia a los estadios; 5) ránking UEFA. Actualmente sufrimos para defender la cuarta posición frente a Portugal.

    El nivel de facturado que os presentamos confirma de nuevo a la Juventus entre los diez primeros clubes del mundo, y el ránking UEFA ha mejorado. Pero nuestros principales competidores, Real Madrid, Bayern Munich, Manchester United, Barcelona, nos han distanciado netamente. Ningún club italiano ha sido capaz de crecer a su ritmo: signo de un evidente límite estructurar que afecta a nuestro fútbol.

    Karl Krauss decía que una de las enfermedades más difundidas es la diagnosis. Es verdad, pero en este pais muchos pensaron que la enfermedad fuera inexistente. Hace solo diez años, de la gestión del "día de partido" la Serie A generaba los mismos ingresos que la Bundesliga, algo menos que la Liga española y un tercio de los de Premier League. Entonces ya éramos una tortuga y ahora somos una gamba. La Bundesliga y la Liga generan actualmente el doble y los ingresos a través del estadio de nuestro fútbol han descendido por debajo de los 200 millones de euros, de los cuales el 20%, un quinto, están producidos por el Juventus Stadium. Este último es el único ejemplo de estructura de vanguardia, pero representa solo una vigésima parte del producto total. Demasiado poco.

    El fútbol es de los apasionados, pero los aficionados y las familias han abandonado progresivamente los estadios italianos. Algunos, de modo sorprendente, atribuyen la culpa a la mejora de la oferta televisiva. Me parece un argumento singular, porque también sin derechos televisivos el fútbol italiano estaría desde hace tiempo moribundo. Y lo estará enseguida si no se sabe aceptar un doble desafía.

    En el frente interno, los apasionados deben volver a llenar los estadios. La Juventus, gracias al Stadium, ha alcanzado un porcentaje de asistencia del 95% (es noticia cuando no está lleno), el resto de la Serie A está alrededor del 50%, con un declino progresivo.

    Y en el extranjero, el reto de un mercado ya es realmente global. En los últimos diez años el fútbol italiano ha desaparecido de las televisiones de los mayores mercados occidentales y no ha sabido conquistar los nuevos. En el mismo período España e Inglaterra se dedicaban a la construcción de una marca realmente global con evidente reflejo en los ingresos comerciales de los clubes. Solo por daros un ejemplo: el Liverpool tiene actualmente un patrocinador principal, Standard Chartered (25M al año), que no opera en Europa. Se trata de una institución financiera activa exclusivamente en Asia, África y Oriente Medio. Me parece un ejemplo muy significativo para describir la fuerte raiz que la marca English Premier Legue ha sabido generar para sus equipos en la última década, tras un largo trabajo iniciado en los años '90.

    En la Juventus estamos buscando recuperar el terreno perdido y desde el 1 de julio de 2015, gracias al nuevo acuerdo con Adidas y a la renovación del acuerdo con Jeep, reposicionaremos nuestra camiseta en valores netamente superiores a los actuales y en línea con los grandes europeos de segunda fila. Pero la agresión y conquista de nuevas colaboraciones no se debe quedar en la camiseta. Giras y medios digitales permiten nuevos potenciales y nuevas geolocalizaciones que nos permitirán ampliar los ingresos. Pero de nuevo la Juventus podrá crecer solo limitadamente si el producto colectivo de la Serie A no lo hace igual.

    Estoy convencido de que en el fútbol italiano las fuerzas conservadoras, que en este momento parecen prevalecer preservando los pequeños y grandes intereses particulares y personales, no conseguiran acabar con los que apoyan este cambio.

    El gobierno del Calcio ha demostrado todos sus límites en el pasado verano. Sin un consenso consolidado, el mecanismo arbitrario de elección del presidente federal ha conseguido desatender las indicaciones de todos los componentes técnicos, futbolistas, entrenadores y árbitros y de una importante parte de la Serie A. Ha sido una derrota para muchos y un triunfo de algunos personajes hábiles y desenvueltos, que fundaron la raíz de su consenso hace mucho tiempo, durante el cual la lógica de los sátrapas podía controlar el poder.

    Pero ha sido sobre todo la derrota del fútbol italiano, que ha dado una imagen de sí mismo inmovilista y sin ninguna propensión reformista. Los resultados están ante nuestros ojos ya hoy. La Uega nos mira con circunspección, al igual que los observadores internacionales, e incluso el gobierno italiano no ha encontrado un interlocutor válido con el que confrontarse para elaborar un decreto sobre la seguridad en los estadios.

    El fútbol, el balón, vuelve al centro de nuestro campo, poniendo a disposición pequeñas operaciones para darnos un breve respiro. La Juventus, por tradición, está abierta al diálogo con todos, pero no avalará remedios sin fundamento.

    El fútbol debe estar en el centro, decía. La revisión de las plantillas de los clubes de Serie A, de la que se habla en estos días, es sacrosanta, pero tiene que estar apoyada por una política de inmigración que sepa gobernar la situación de un mundo en constante movimiento y por el estableciamiento de los segundos equipos, que deben ser preferidos a las denominadas multipropiedades, que no hacen más que alimentar valoraciones artificiales y pequeños grupos de poder provinciales. Los clubes que compiten en Europa tienen jóvenes que pueden ser inscritos en la lista B de la UEFA con presencias en el primer equipo muy superiores a sus coetáneos italianos. No se trata de valentía, sino de gestión y programación, características que el sistema de segundos equipos puede garantiza gracias al pase, a mitad de temporada, de jóvenes del segundo al primer equipo.

    La ampliación de los ingresos del mercado televisivo en el trienio 15-18, un 20% más respecto al 12-15, es actualmente una realidad y debe dar estabilidad al sistema, empezando con mayores garantías para los equipos que descienden de la A a la B: una eventualidad que actualmente añade a la desilusión deportivo el desastre económico y, en segundo lugar, con un progresivo redimensionamiento del número de clubes en Lega Pro. Esto para garantizar la racionalidad y la eficiencia de un sistema que durante demasiados años ha vivido por encima de sus posibilidades.

    En un libro de Simon Kuper, publicado hace muchos años con el título "Football Against the Enemy", el autor escribía: "Cuando el aficionado inglés pasa a mejor vida, va a Italia, donde encuentra los mejores jugadores del mundo, partidos transmitidos por completo en televisión y un gran número de periódicos deportivos. ¡Y además encuentra buen tiempo!" Esta era la Serie A para los ingleses hace veinte años. No lo digo con nostalgia.

    Lo afirmo con la ambición de que Italia vuelva a ser EL punto de referencia.

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