05.07.2014 17:01 - in: El equipo S

      Quitanieves por pasión

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      16 de enero de 1985, la Juve juega y gana la Supercopa Europea gracias también a la buena voluntad de tantos aficionados como Marcello

      Botas, pala en mano y mucho esfuerzo. Pero una noche así, Marcello la recordará toda la vida. Marcello Garifo, 57 años, es uno de los muchos tifosi bianconeri que viven en Milán. Siempre ha seguido a su “amada”, siempre ha estado presente en todos los partidos. Sin embargo una está grabada en su corazón. La final de la Supercopa Europea entre Juventus y Liverpool, disputada en el estadio Comunale de Turín el 16 de enero de 1985. Es la primera vez que los bianconeri juegan la final de esta competición europea, como vencedores el año anterior de la Coppa delle Coppe. Marcello tiene que estar. Único inconveniente: durante esos días en toda Italia está cayendo una copiosísima nevada, tanto que el ‘Belpaese’ está prácticamente paralizado. Imaginad en el norte, especialmente entre Turín y Milán: “Ya tenía programado ir a Turín – cuenta Marcello, que en esa época tenía menos de treinta años, pero la misma pasión que ahora – pasaban los días y mis certezas se desvanecían poco a poco. Estaba encerrado en casa, fuera casi un metro de nieve y la caldera se había roto”.

      Copo a copo, Marcello veía alejarse la posibilidad de participar en este evento. Después la luz. Mejor dicho, la “noticia”, visto que la nevada no parecía que tuviera intención de aplacarse: “En un diario deportivo, me entero de que el presidente Boniperti busca voluntarios para palear el campo y las gradas del estadio Comunale, de modo que el partido se pueda disputar normalmente”. Para Marcello es la oportunidad. No se lo piensa ni un momento. Quien se pusiera el uniforme de paleador voluntario también vería el partido. Vestido con el plumas y las botas, Marcello se subió a su coche, un “potente” Citroen-dos caballos, y se dirigió a la autopista Milano-Torino. Objetivo: llegar al Comunale a tiempo para echar una mano y ver el partido. “Había recorrido ese camino decenas de veces, pero ese día era particularmente duro. Iba a 70 kilómetros por hora, nieve por todas partes y la esperanza de que mis finísimos neumáticos se mantuvieran en la carretera”. Tras 130 kilómetros, Marcello consigue embocar corso Allamano, gran vial en la periferia de Turín, y llegar al estadio: “Aparqué el coche, me uní a los otros paleadores y con una chaqueta encerada amarilla encima empecé a retirar kilos de nieve”.

      Marcello entra en el estadio que, mientras tanto, se iba llenando: “Sentía los cantos de los aficionados que nos ayudaban durante nuestro trabajo, que emoción”. Tras algunas horas de esfuerzo, la nieve es apartada, el encuentro se salva y para Marcello la posibilidad de disfrutar de un partido que entrará en la historia de la Juventus. Los bianconeri, de hecho, gracias a un doblete de Boniek, ganaron por primera vez en su historia la Supercopa Europea: “Recuerdo otros aficionados que, como yo, habían echado una mano para limpiar el estadio y el área exterior: todos estábamos cansados, extenuados, pero felices por haber contribuido a este éxito”. Era el 16 de enero de 1985 y el invierno atrapaba a Italia en la trampa del hielo. En Turín, sin embargo, había un magnífico calor impropio de la estación...

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